sábado, 25 de agosto de 2012

La brevedad y la no brevedad

El alma del saber puede convertirse en el mismísimo cuerpo de la falsedad. Por elegante y memorable que sea, la brevedad jamás puede, según son las cosas, tener en cuenta todos los hechos de una situación compleja. En un tema como éste, sólo se puede ser breve por omisión y simplificación. La omisión y la simplificación nos ayudan a comprender, pero, en muchos casos, nos ayudan a comprender lo erróneo, pues nuestra comprensión puede ser únicamente de las nociones pulcramente formuladas por quien abrevia, no de la vasta y ramificada realidad de la que esas nociones han sido arbitrariamente abstraídas.

Pero la vida es breve y la información inacabable: nadie tiene tiempo para todo. En la práctica, nos vemos generalmente obligados a optar entre una exposición indebidamente breve o ninguna exposición. La abreviación es un mal necesario y la misión del abreviador consiste en sacar el máximo provecho de una tarea que, si bien es intrínsecamente mala, vale más que no hacer nada. Tiene que aprender a simplificar; pero no hasta el extremo de la falsificación. Tiene que aprender a concentrarse en lo esencial de una situación, pero sin pasar por alto un número excesivo de las cuestiones accesorias que condicionan la realidad. De este modo podrá decirnos, no, desde luego, toda la verdad (pues toda la verdad sobre casi cualquier asunto importante es incompatible con lo breve), pero sí mucho más que los peligrosos cuartos de verdad o medias verdades que siempre han sido la moneda en circulación del pensamiento.

El tema de la libertad y sus enemigos es enorme y lo que he escrito es indudablemente demasiado poco para hacerle plena justicia, pero, por lo menos, he abordado muchos de los aspectos del problema. Cabe que cada aspecto haya sido excesivamente simplificado en la exposición, pero éstas exageradas simplificaciones sucesivas contribuyen a formar un cuadro que, según lo espero, procura cierta idea de la vastedad y complejidad del original.

Quedan excluidos del cuadro (no porque carezcan de importancia, sino simplemente por conveniencia y porque los he analizado en ocasiones anteriores) los enemigos mecánicos y militares de la libertad, es decir, las armas y los artificios que tanto han fortalecido a los gobernantes del mundo frente a sus gobernados y los cada vez más ruinosamente costosos preparativos para guerras cada vez más insensatas y suicidas. Los capítulos que siguen deben ser leídos con un telón de fondo de ideas sobre el levantamiento húngaro y su represión, sobre las bombas de hidrógeno, sobre el costo de eso a lo que cada nación se refiere como "defensa", sobre esas interminables columnas de jóvenes uniformados, blancos, negros, morenos o amarillos, que marchan obedientemente hacia la fosa común.

Fuente:
Aldous Huxley - Prefacio de Nueva visita a Un Mundo Feliz

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